* Fuga de Capital *

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Esteban Garbin

German Cabrera

Mariana Flores

INDICADOR POLITICO LA ECONOMIA MEXICANA 1969-2006:

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Pasado, Presente y Futuro Presidencialismo Económico

En 1942, el destacado economista Ludwig von Mises desarrolló un estudio sobre la economía mexicana, donde planteó la necesidad de institucionalizar un marco económico de libertad. Entre otras cosas, recomendaba protección de la propiedad contra expropiación, eliminar mecansimos confiscatorios de imposición sobre los frutos del trabajo, eliminar los controles sobre flujos de capital o transacciones financieras, y no usar el aparato estatal para intervenir el las actividades cotidianas de intercambio. Estas ideas son bien conocidas, pero lo importante de esta cita es que la recomendación de Mises hace más de medio siglo sigue vigente en la actualidad. En concreto, una forma de explicar el comportamiento de la economía a lo largo del periodo 1969-1999 es por medio de los criterios de libertad económica, criterios que hoy se plantean como las condiciones para lograr la prosperidad a largo-plazo.Un denominador en común de las pasadas cinco administraciones es, obviamente, el tema de "crisis sexenales" o el colapso del régimen cambiario. Los actores económicos del presente son miembros de una generación devaluada. En los últimos 25 años, la economía mexicana ha sufrido mayor desequilibrio en las principales variables macro, que en los 150 años anteriores. Tan sólo de 1976 a la fecha, se ha perdido el valor del peso en relación al dólar en razón de 98%. El aumento de la inflación acumulada en este periodo asciende a 275,000%.El producto per cápita ha crecido, en promedio, sólo 1.9% por año. Este, sin embargo, tan sólo es el saldo de una enorme deficiencia en las instituciones económicas del país—un mal que se podría denominar el "presidencialismo económico." La política económica se ha desempeñado en un marco de mercantilismo, lleno de favores, un marco de arriba hacia abajo, basado en la "fatal arrogancia" de concentrar las decisiones cotidianas en una sola entidad política. Este error no tiene orientación ideológica. Se nos ha hablado de "manejar las finanzas desde Los Pinos" o de "administrar la abundancia" (en las épocas de populismo financiero), así como de "concertaciones" o "pactos." En la época de reforma estructural, el presidencialismo económico se ha manifestado en la obsesión por la economía digital, la importancia del número macroeconómico. El 3 de enero de 1995, ante el anuncio del primer plan de ajuste, la autoridad declaró: "mi administración habla con la verdad." Esta patente falta de humildad ha convertido a las futuras generaciones del país en víctimas de políticas económicas equivocadas, objetos de laboratorio, simples partes de un experimento fallido. La consecuencia real es que los líderes del mañana no conocen los beneficios de la estabilidad, de la disciplina, de la acumulación de poder adquisitivo. Los jóvenes que se crearon en los ochentas, y los jóvenes que procuran desarrollar un futuro, no saben más que de inflaciones, devaluaciones, derroches, corrupción, deuda, baja en el nivel de vida, crisis, endeudameinto, y la expectativa que la economía está hechizada por una ley sexenal inalterble: crisis y devaluación. Por otro lado, la esperanza es que estos desequilibrios generen una obsesión entre esta amplia comunidad de jóvenes con los principios de estabilidad, disciplina fiscal, y un estricto orden en las variables macroeconómicas. La esperanza, en otras palabras, es que la generación devaluada haga todo lo necesario para evitar los males macroeconómicos que han caracterizado el manejo de la política económica en el último cuarto de siglo. Hoy por hoy, la sociedad mexicana a regresado al mal de ignorar el largo-plazo. El largo plazo es el próximo sexenio, y a veces el próximo mes. El experimento de los 80s fue, en gran medida, un intento por usar la vía fiscal como instrumento de redistribución. Sin embargo, el efecto fue la redistribución de la pobreza, no de la riqueza. El reto de las futuras generaciones es desarrollar un sentido de urgencia en el cambio estructural, reglas del juego que permitan distribuir oportunidad a todos los mexicanos.Esto requiere, ante todo, fomentar una cultura de libertad económica. Coyuntura vs. Continuidad. Los reclamos económicos en nuestro país son contundentes: crecimiento, inversión y estabilidad. El desafío de la transformación implica analizar lo que se ha hecho, tanto lo bueno como lo malo, pero sobre todo, lo que falta por hacer. Hoy, trabajar sigue siendo una actividad complicada, por la cantidad innumerable de permisos, de reglamentaciones y otras especies de tramitología que no permiten hacer las cosas sin demoras, sin sobornos, o sin altos costos de transacción. Hay que trabajar; pero también hay que dejar trabajar,y no hacerlo prohibitivo. Una serie de instituciones y tendencias confirman una relación causal entre libertad económica y mayor crecimiento. "A más libertad, más progreso." La base del intercambio descansa en la premisa que los miembros de una comunidad disfrutan el derecho al fruto de su trabajo, en la medida no se ocasione violación de derechos a terceros. Si el Estado decide ampliar su margen de intervención, como ha sido común en México, retira una porción de los factores de producción de otras áreas de la economía. Esto sucede con fenómenos como la inflación, el abuso del sistema impositivo para fines de redistribución, o instrumentos como los subsidios. Estas son las conclusiones del reporte de libertad económica del Fraser Institute, Indice de Libertad Económica Mundial 1975-1999, que presenta cuatro criterios: 1-Seguridad en los derechos de propiedad privada (es decir, que estén bien definidos, que sean transferibles, y que se puedan defender legalmente contra robo o violación de terceros) 2-Dinero y precios estables (es decir, una moneda con valor perdurable que permita la planeación a largo-plazo) 3-Bajas tasas tributarias marginales (es decir, un sistema impositivo que estimule, y no obstaculice, la actividad cotidiana) 4-Libertad de intercambio (es decir, un esquema regulatorio que permita intercambio dentro y fuera de las fronteras nacionales de un país) El estudio encuentra una correlación positiva entre la libertad económica y el crecimiento, misma que sugiere que los países que aplican políticas consistentes con estos criterios se ven premiados con una tasa de crecimiento mayor, y un nivel de vida más alto. El índice de este estudio coloca a México en el lugar 45 de un universo de 103.Entre los primeros lugares de esta lista se encuentran países con escasos recursos, que han logrado altas tasas de crecimiento en los últimos 20 años: Hong Kong, Suiza, Nueva Zelanda, Singapur, Taiwan, entre otros. Esa es la diferencia que hace la libertad en una economía: reducción de trabas innecesarias, estabilidad de precios, bajas tasas impositivas: mayor oportunidad y mayor bienestar. El requisito mas importante es un marco institucional que protega derechos de propiedad.En ausencia de un marco que ofrezca garantías legales al trabajo y a los frutos del trabajo, desaparece el motor de un mercado moderno: los incentivos. Se requiere un esquema fiscal estable, que brinde incentivos para la inversión y que no entorpezca el desarrollo de los negocios.Las decisiones empresariales no deben ser función de cambios repentinos en la miscelánea fiscal, sino función de argumentos comerciales. Por ello es necesario cambiar el esquema impositivo de recaudación por un esquema que utilice los impuestos bajos como motores de inversión. Asimismo, se requiere un sistema monetario estable que preserve el poder adquisitivo de la moneda, que brinde seguridad sobre la inversión y permita crédito en condiciones competitivas.Este requisito se traduce en tener seguridad sobre lo que el peso compra hoy y lo que podrá comprar en el futuro. La inflación es el impuesto más injusto; y la devaluación de la unidad de cuenta es una demonstración contundente que no se puede lograr más riqueza por medio de más pobreza. El desafío es hacer nuestras instituciones más responsables en su tarea, o de una vez por todas, importar la credibilidad de monedas duras, como el dólar. La cultura de libertad económica debe iniciar por reconocer la necesidad de que no se permita la expropiación de los derechos de propiedad.Este juicio que emitió Mises hace más de medio siglo es válido en la actualidad. La falta de atención a una reforma integral de los derechos de propiedad ha sido fuente de la vulnerabilidad de la economía en el exterior, un factor que ha privilegiado la especulación sobre la inversión productiva. No es posible inspirar confianza de largo-plazo con un artículo constitucional (25) que le al Estado el poder discrecional de "planear, conducir, orientar y dirigir" la actividad económica del país. No es viable invitar a los inversionistas a arriesgar sus recursos en costosos proyectos a mediano y largo plazo que se encuentran condicionados a la "planeación y conducción"muchas veces caprichoza de burócratas. Conclusión: Un ingrediente fundamental para la prosperidad es la credibilidad o confianza—credibilidad como resultado de rendición de cuentas, de transparencia, de la convicción que somos amos de nuestro propio destino. México tiene una triste tradición de supeditar mucho del progreso interno a factores externos: la baja o subida en el precio del petróleo, la deuda externa, los sacadólares, el terremoto del ‘85, la aprobación del TLC, la turbulencia financiera internacional y otros. La generación del crecimieneto + dessarrollo depende del reconocimiento que el progreso no es sólo producto de factores externos, fuera de nuestro control, sino sobre todo de bases internas que permitan producir y alcanzar los bienes del crecimiento económico. La ausencia de estas bases, de una cultura de libertad económica, es la explicación fundamental de mucho del atraso sufrido en estos treinta años de corrupción, deuda, devaluación, derroche y desabasto. Su presencia y permanencia en gobiernos futuros serán el factor que permita a la economía mexicana transformar su enorme riqueza potencial en riqueza verdadera que permita vivir mejor, y así poder lograr un mayor nivel de vida:la riqueza real de la nación. Pero la"clase política dirigente",sobre todo la del PRIgobierno,NO piensa ni actua en función del mediano o largo plazo...Si bien nos va y le va,su pensamiento ha sido, es y probablemente será "sexenal"...

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